¿Los cambios siempre son buenos?

A finales del 2016, después de una semana de mucha tensión por exámenes, entregas de proyectos y carga de trabajo; el empacar, hacer los trámites para un cambio de campus y buscar casa en otro estado resultaba una tarea mucho más pesada de lo normal. Entre tantas cosas por hacer me preguntaba si realmente valía la pena “complicarme” la vida de esa forma, cambiándola por completo…

Examiné mis opciones, entre ellas, quedarme en la ciudad en la cual había vivido los últimos 8 años, en donde había hecho grandes amistades, había permanecido por el tiempo más largo en la misma escuela, donde además recibía el apoyo constante de mi familia y tenía un ritmo de vida al cual ya me había acostumbrado. La costumbre, por otro lado, no es algo que me emocione… imaginarme comenzando un nuevo año en el mismo lugar, quejándome de las mismas cosas, me hizo darme cuenta que sobre todas las razones que pudiera encontrar para quedarme, había una que pesaba más para irme:

No podía ser de esas personas que se la viven quejándose de todo pero no cambian nada.

En los últimos meses había pasado por una extraña y desmotivadora etapa en la que no me sentía la persona optimista y positiva que siempre había sido. Había intentado cambiar mi perspectiva, mis hábitos, mis intereses, todo para ver si algo de lo que me incomoda cambiaba, sin embargo, veía que pasaba el tiempo sin que mi desalentador estado de ánimo mejorara. Por supuesto que había muchas cosas que me gustaban de mi vida en aquella ciudad, tantas que comenzar a enlistarlas resultaría tedioso de leer pues había entre ellas muchos detalles que me hacían muy feliz pero por alguna razón las grandes cosas no me emocionaban como antes lo hacían.

En esa etapa creo que era natural preguntarme ¿qué estaba mal conmigo? ¿por qué si nada en mi vida había cambiado, no me sentía tan feliz como antes?

La respuesta resultó sencilla pero no obvia para mí: yo había cambiado.

Dejemos claro que crecer es inevitable, madurar es casi obligatorio pero cambiar es inexplicable.

Hay gente que crece pero no madura y seguro todos conocemos algún Junior que es el vivo ejemplo de esto. También hay que gente que crece y nunca cambia, esa persona que sigue cometiendo los mismos errores una y otra vez, sin aprender de ellos y sin preocuparse por repetirlos. Hay gente que madura pero no cambia, aquel que tal vez ahora sea más responsable pero en el fondo tiene los mismos sentimientos que tenía hace unos años. Finalmente, hay gente que crece y cambia (normalmente para mal) y gente que crece, madura y cambia ¿eres uno de ellos?

A diferencia de crecer y madurar que comúnmente suceden en etapas muy específicas, como pasar de la niñez a la adolescencia o de la adolescencia a la adultez, cambiar llega en momentos muy distintos para cada persona o en ocasiones, no llega. Algunos podrán cambiar durante la pubertad mientras otros cambiarán después de vivir una situación difícil pero habrá gente que morirá siendo los mismos de siempre.

Es aquí cuando la trillada frase de “los cambios siempre son buenos” me resulta llamativa puesto que siempre había supuesto que se refería exclusivamente a cambios externos como teñirte el cabello, comprar ropa diferente o mudarte, pero jamás lo había concebido como algo interno, cambiar de pensamiento, cambiar tu forma de ser, cambiar tus expectativas… Y en ese caso ¿cuándo fue que yo cambié? ¿Cómo podían ser buenos los cambios si ahora me sentía tan perdida?

Eso es algo que crecer, madurar y cambiar sí tienen en común: es confuso, inesperado y a veces difícil.

Posiblemente tú, como yo, en algún momento deseaste “ser grande” pero más tarde te arrepentiste y pediste no crecer, no dejar de ser niño, posiblemente esto sucedió en la pubertad cuando las hormonas nos juegan malas pasadas pero después cuando obtuviste tu IFE (o “INE”) te volviste a sentir bien, al menos por un rato, antes de que te dieras cuenta de todas las responsabilidades que eso implicaba, ahora estabas en edad de decidir, elegir carrera, pensar en tu futuro ¡e incluso pensar en el futuro del país e ir a votar! Creciste, maduraste y quizá entre todo eso, también cambiaste. Pero cambiar no tiene síntomas específicos, pues como dije antes, no tiene etapas definidas y tampoco viene con responsabilidades precisas como las que aceptas cuando maduras.

Cambiar es subjetivo (si es válido llamarlo así) no hay una métrica definida para saber cuánto hemos cambiado, no hay nadie que lo avale, no hay siquiera una definición que explique qué entra en los límites de “cambiar”, básicamente no tiene principio ni fin.

No pretendo explicar cómo fue que yo cambié, ni cómo es que tú podrías hacerlo, puesto que muchos de los cambios que vivimos no son conscientes, nosotros no los decidimos. Podemos decidir cambiar nuestro estilo de vida, nuestras metas y hábitos pero los verdaderos cambios son los resultados de estas acciones, o de no realizarlas también, y son resultados que notaremos el día en que menos lo esperemos, quizá un día que despertemos con renovadas ganas de experimentar algo nuevo o por el contrario un día en que nos sintamos perdidos o fuera de lugar, ahí nos daremos cuenta que si todo a nuestro alrededor sigue igual, seguramente lo que habrá cambiado seamos nosotros.

¿Que si los cambios siempre son buenos? Te invito a que tú lo descubras, no sin antes advertirte que sin importar lo extraño, lo mal o lo difícil que se sienta, los cambios tampoco son definitivos y, en mi experiencia, aceptarlos vale la pena.

21

Hoy cumplo 21 años pero ni la fecha ni la edad importan, lo que importa es lo que está por venir…

He vivido casi 9 años en San Luis Potosí pero desde hace tiempo, incluso antes de entrar a Universidad, había considerado regresar a mi pueblo natal, la caótica Ciudad de México. Todos hemos leído esa frase tan cursi de Chavela Vargas que los millennials hemos restregado en redes sociales sin piedad (y sin citar porque ya nadie recuerda ni se interesa por saber quién la dijo primero):

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La frase en realidad es triste, no solo nostálgica, pero por consenso general solo se utiliza la primera parte para postearla al pie de nuestras fotos en Instagram cuando vamos de viaje.

Sin embargo, concuerdo con la frase completa y no creo que mi razón para regresar a ese lugar que tanta gente ama-odia sea solo por la nostalgia de revivir el pasado, sé que muchas cosas han cambiado (y como en otras ocasiones, el decir “cosas” engloba personas, lugares, etc…) pero no mentiré diciendo que no tengo buenas referencias de aquel pasado, uno al que no me molesta regresar.

Aunque regresar parezca retroceder, para mí significa avanzar. Sé que al volver a esa ciudad las cosas serán completamente diferentes, claramente no es lo mismo vivirla a los 11 años que a los 21, pero confío en que un nuevo comienzo siempre es bueno. Hace 9 años no estaría tan segura de eso (lloré desconsoladamente cuando me dijeron que nos mudaríamos de estado) pero hoy no me arrepiento y si pudiera decirle algo a esa niña de 11 años que lloraba en el carro mientras buscaban casas en San Luis, sería muy claro:

Deja de llorar, hay muchas más cosas esperándote en este lugar de las que puedes ver por la ventana. Estás a punto de conocer a gente increíble que marcará tu vida, harás nuevos amigos, no morirás sola en el intento, tus amigos de México no te olvidarán (tan fácilmente) y siempre podrás contar con ellos. Aprenderás lo que significa la amistad, la verdadera amistad, esa que no se afecta con el tiempo ni la distancia sino que se hace más fuerte. Te sorprenderás cuando descubras que la gente ve la vida de maneras muy diferentes, crecerás en un ambiente retador, en una sociedad muy compleja (y con muchos complejos) pero te hará madurar y ser más autocrítica. Tendrás oportunidades inigualables, descubrirás pasiones que no imaginabas que tenías, te sentirás segura de muchas cosas e insegura de muchas otras pero siempre tendrás a gente apoyándote, aconsejándote e inspirándote. Tu relación familiar se fortalecerá y agradecerás cada segundo que pasas con tus papás y tu hermanito, esperando con gusto ver al resto de la familia durante vacaciones, puentes o festejos. Te volverás muy culta, seguirás leyendo tanto como siempre y escribiendo aún más, pero además conocerás otro mundo de primera mano, buscando qué hacer encontrarás qué amar, te volverás fan de ir a museos, ver cine independiente, ir a conciertos de ópera, ir al teatro, participar en concursos creativos, organizar congresos, viajes, talleres… y todo esto te emocionará, le dará sentido al espacio y al tiempo. El cielo te enamorará y el clima te enloquecerá, apreciarás los rayos de luz por la mañana, las nubes en el cielo a veces azul, a veces rosa o naranja, apreciarás las noches por mostrarte brillantes lunas y millones de estrellas, te quejarás del calor y cuando menos te des cuenta morirás de frío. Seguirás soñando despierta.

Claro que he pensado en quedarme (¡cómo no pensarlo!) mi familia, mis amigos, mi hogar… la escuela, la rutina, los prejuicios… hay tantos pros como contras y la verdad creo que la vida en sí misma es así, la mayoría de las situaciones que enfrentamos exigen que tomemos decisiones que no siempre se pueden basar solo en la razón, a veces es necesario ponerle corazón, o quitarle sentido, sí, a veces o siempre es muy complicado decidir.

Mucha gente me ha dicho “sí, tienes que irte, perteneces allá” y no, no me están corriendo, de hecho la gente que lo ha dicho es gente que de verdad me aprecia y que yo adoro. Lo han dicho quizá porque ven lo que yo veo: oportunidades.

Considero que esta decisión de dejar un estado por otro se asemeja a las veces que vamos de compras y encontramos algo que nos encanta pero no lo compramos porque creemos que si seguimos buscando encontraremos algo aún más cercano a lo que habíamos imaginado, algo que nos ofrezca un valor agregado que aunque no sea mejor que el primero, sea el indicado para nosotros, entonces dejamos lo que vimos primero no porque no nos guste sino por la expectativa, la buena fe, la esperanza, yo que sé…

Hace un tiempo sentía que tenía todo claro, quién era, qué quería, a dónde iba… hoy debo aceptar que no me siento tan segura de saberlo todo pero que estoy dispuesta a seguir buscando, seguir aprendiendo y seguir soñado. Acepto que los cambios dan miedo pero es la clase de miedo que prefiero sentir, ese miedo que se siente en el estómago entre un hueco o miles de mariposas, el miedo que de pronto se transforma en emoción por vivir lo que está por venir.

All you need is romcoms.

So after being single for-ever one starts getting cynical about it. (See what I did there?) But honestly, that’s not a surprise since us stupid human beings have manage to be cynical about almost everything in life that kinda upsets us but we try hard not to let it show, so naturally we start being mean, acting cold and usually talking in an elaborated almost pretentious way instead. #sorrynotsorry

Still, single and all as I am, romantic comedies are my favorite kind of comedies, kind of movies in general actually… No matter how cheesy, predictable, unoriginal or commercial they can be I truly believe they are one of those few still reliable things on earth. From a romcom at least you know what to expect and then also you can expect that every romcom will fulfill your expectations, agree? Even if you’re just expecting it to be super-dork and unreal, you’ll be happy to know that no matter how much terribly-dramatic scenes you watch along, things will go smoothly in the end.

*Except for those painful romcoms as “Me before you”… Gosh, I felt so betrayed when I saw that emotional-ambush! The end got me in tears and not the usual happiness-I wish it was me-tears but the awful P.S. I love you-why are you doing this to me-tears 😦

Yet again: sarcasm. That’s what I need at this exact point of my life. Witty jokes and sharp quotes.

I’m a hopeless romantic and a Valentine’s Grinch at the same time

Yesterday I almost watched “In my dreams” but oh Lord after 2 minutes of watching its stupidly-perfect main characters, I had enough. Both were so sweet and proper! I-couldn’t stand them. As contradictory as this may sound I’m a hopeless romantic and a Valentine’s Grinch at the same time, so what I needed was a pair of characters so wrecked and lost that hopefully wouldn’t make me feel worse about myself.

And luckily enough, I found them!

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In a different movie though… (next friday I’ll post about it)

Anyway, as much as I enjoy laughing at catchy lines and sighing at cheesy gestures, deeply inside I know that’s not the main reason why I watch romcoms… I guess there’s nobody who can deny that what we feel when we end up watching a romcom is: hope. Silly, childish, unfounded hope but that still works up your mood and makes you feel blindly positive. You know, like anything could happen and that it could actually happen to you with whom you never ever imagined and when you least expect it!

But also nothing-at-all could happen too because that’s in fact what you least, least expect after watching a romcom. Thereby after some time by your own you might realize that romcoms are just another exageration of life and love, of soulmates, destiny and good luck… and since nothing “romantic” happens to you in a while you’ll need to get back to romcoms to get the perfect substitude of love, your dose of hope; because just like when you are on a diet and you start feeling upset for not being allowed to consume sugar, you have to remember there’s always Splenda to sweeten your life!

And besides The Beatles explained it better:

All you need is love.

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Down the road

Maggie: I love you.

Antoine: …

Maggie: And down the road I’ve learned that there’s no way to love you more, to love you less. I love you as I have always loved you. From the first day when we met, to this day. I love you, Antoine. You always knew that, right?

 

A: I haven’t forgotten the night you visited me at the hospital… when I had that heart attack and my son called you because he thought I was about to die.

M: I would never forget that call. I felt my whole world collapse.

A: I heard him while he was calling you, I told him not to.

M: Why?

A: I’m not sure. I wasn’t sure that I was about to die so I thought there was no point on alarming you. But also, I considered dying, and I wasn’t sure I wanted you to watch me die anyway… I knew how it felt watching someone you love slowly go… and I didn’t wanted that for you.

 

M: So when your wife died…

A: So unfair.

M: True… Judy was amazing.

A: Honestly, she was indeed. Weren’t you jealous of her all this time?

M: Jealous? Not for a second, she had cancer, remember?

A: Don’t be mean, you know what kind of jealous I’m talking about. Not that you wanted her life but maybe…

M: Not. Maybe nothing, my love.

 

M: Remember when you had your first kid?

A: As if it were yesterday.

M: You were such a dork back in the days.

A: What you mean by “a dork”?

M: You know! Adorable but kind of dump haha

A: Kind of dump! What a thing to say!

M: Don’t sweat it, boy! All men are dorks when they are new parents.

A: I guess so… I must admit it’s one of the scariest yet most amusing parts of life.

M: Being a new parent… So many feelings, fears, dreams…

A: Now you are being a dork…

M: Ha! Is there any other way to be a parent?

 

M: Ugh, the divorce. Remember my divorce? I always wonder why I married him in the first place.

A: Because you had his kid.

M: Yes, right, that’s the logical answer but that wasn’t it. I had options. I could have chosen to be a single mother or abortion!

A: You couldn’t possibly, you were too proud of yourself to give anyone a chance to judge you.

M: Can’t deny it… I tried so hard to make it look like that was all I wanted: a family, a husband, a kid…

A: Though it wasn’t.

M: You were the only one who ever knew the truth.

A: That it was a mistake? That you, Maggie-the-perfect, messed up?

M: I didn’t even admit it to my mother. I regret that so much, you know?

A: Never ever told her?

M: Never-ever told anyone but you.

A: Woah… why? You know that humans do make mistakes, right Maggie?

M: Not me, you said it, Maggie-the-perfect… I couldn’t deal with it any other way. I couldn’t believe I had messed up my whole damn life in one night.

A: So you weren’t just lying to everyone… you were also lying to yourself.

M: Saying that it had been my intention to have that kid made me feel less stupid. I knew what everyone was thinking: poor stupid girl who felt in love with his professor and got pregnant. Such a cliché! Oh no, sir, I wasn’t going to be that stupid kiddo. No way. I had to do it. I had to affirm that I had everything under control, I was so decided to turn it all around… but how little I knew, ha… Anyway, even if I now regret it, I know it was the only thing that helped me go through it at that moment.

A: Lying?

M: Stop saying that I lied. I said that that was part of the plan to get me where I wanted and it actually did, by marrying Charles, a well known writer, a Chicago Tribune columnist, a professor of the Art Institute of Chicago, I got included in the top writing circles and God knows if without that green-card as a husband I would had made it to where I did.

A: You certainly would have, Maggie. Don’t fool yourself now, it’s been so long and there’s no wrong in admitting a past mistake.

 

M: And college; those million classes we had together… Ugh so painful.

A: Shut up, you still loved me then.

M: Of course I did, that’s why it was so painful

A: Well, I hated you, that’s why it was painful for me.

M: Why did you hate me?

A: You know well the answer. Or shall I say, the answer’s name…

 

A: Remember that Halloween we wore matching costumes and we strolled through the city the whole day long wearing them …

M: Don’t…

A: …Our trip to the cemetery, the “trick and treat” part, all the candy we stole from those kids and…

M: Don’t bring back that memory, Antoine, please!

A: …the party we crashed when the night came, what we did before it got us to jail for the first time! And I recall you were so afraid, and for the first time also I was the brave one, I stood up to the cop just as I did to your parents later that night.

M: …

A: Well, I guess you remember… Say something. You can’t deny it was so good.

M: Doesn’t it bother you to remember it was?

A: Bothers me? Why would it? Every time I think about it, I smile.

M: But it’s not a happiness smile, it’s a nostalgic smile, my dear.

A: What’s the difference? I smile because it was good.

M: Well, that’s why it bothers me so much. It was so good but so ephemeral. For so long it represented everything I would miss in the time to come… That was the day I felt alive for the first time, the day I knew what love was, what freedom felt like, while being behind that mask, not being me but a different self, I realized how it felt not to care about what others think, and what it meant having someone to trust, being sure that someone would have your back no matter what, not being afraid. I’ve never felt that way again, and that’s why I can’t bear to remember that day. It was one in a million; I’ve never had a day like that before, and I’ve never had a day like that after.

 

A: Have you realized that they day we broke up… was the day it all started?

M: …

A: When you called me at 3 am after that big, stupid fight… and you told me you loved me and that you just wanted to make it clear that it was because of all that love that you were choosing to let me go.

M: Wasn’t the Halloween adventure before our break up?

A: No. But you know that. I loved you more when we broke up.

M: You loved me more when you didn’t have me, what a shame, all men are the same.

A: Halloween was two months after our break up, we had started talking again a few weeks before…

M: I know… And I also remember I told you I wanted to do something for Halloween…

A: And I knew how much you loved Halloween

M: So instead of just suggesting a normal thing to do, scary-movies marathon, trick or treat night…

A: I planned the whole thing. Well, except for the cops part.

M: Oh! So you planned the party crashing and the pot and…

A: Before you accuse me of planning our first time too, I must assure you that was just a silver linning!

M: I don’t believe you.

A: I don’t need you to believe me, I’ve never had.

M: So back to the point, seems like I was right again.

A: What are you talking about?

M: About letting you go. You just said that was the day when it all started.

A: Oh no, if you hadn’t let me go everything would have happened anyway but more nicely.

M: You know it wouldn’t. We wouldn’t have passed from the high-school-sweethearts label.

A: So what you are saying is you were damn sure that by breaking my heart we could go past that label to what was about to unfold between us, a lifetime relationship.

M: Damn sure I was, you are right.

A: You’re wicked. And you are heartless… yet you called me that night saying you loved me.

M: I called you at 3 am that night because I knew you hated me at that moment but I wanted to make sure that you’ll love me down the road.

A: …

M: And now… that we’ve been down the road, darling… would you say you love me?

A: …

M: Do you, Antoine?

A: I hate… I hate to do this. But I guess I must admit you were right all this time… Yes, you were always right, Maggie. And I love you.

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Miércoles sanador

Miércoles, 26 de octubre

7:16

Después de apagar cinco veces mi alarma que suena 6:40, 6:45, 6:50, 6:55, 7:00 y que aún así no logra despertarme sino hasta 15 minutos después, salgo de mi cama y con los ojos entrecerrados me pongo mi par de sandalias heladas para meterme a bañar. Desbloqueo torpemente mi celular, después de luchar algunos segundos con la nueva actualización de iPhone que vuelve todo más confuso, y abro Spotify para poner mi playlist Stronger basada en varios “éxitos” que no me he cansado de escuchar (si ya odias Closer de The Chainsmokers ft. Halsey no te la recomiendo pero si estás encantado con 24k Magic de Bruno Mars entonces debes seguirla). Salgo de bañar: toalla, bata, regreso a mi cuarto, abro ventanas, crema, desodorante, perfume, ¿maquillaje?, maquillaje, reloj, pulsera, sin pulsera, botines, cambio a tenis, chamarra de piel, cambio a abrigo gris, ¿me falta algo?, “ya voooy”, bajo a desayunar.

  • ¿Qué tienes, ma?

¿Ya es muy tarde? ¿La hice enojar? Debí haber bajado antes…

  • Nos rompieron el vidrio…
  • ¿Cuál vidrio? ¿De dónde?
  • De la camioneta blanca, en la mañana que iba a llevar a tu hermano, salí y vi que le rompieron el vidrio del copiloto pero no sé ni cómo que no escuchamos en toda la noche nada.
  • No marches… ¿te conté que apenas ayer le abrieron el carro a una de mis compañeras del trabajo? ¿Qué está pasando? Está cañón.
  • Mmm… Pues sí, nos tocó la mala suerte…

“Nos tocó” como si fuera un acontecimiento natural en México, un juego al azar en vez de un delito. Parece tan natural que te toque que te roben como ir a sacar la cartilla a los 18 años y que te toque la bolita blanca o la azul. Parece que en México crecemos esperando que nos toque buena suerte, que salga la bolita negra, que no nos pase nada en el camino a casa o a la escuela, pero vivimos prevenidos de que por azares del destino es muy probable que nos toque ir a marchar. Robos, secuestros, asesinatos, todos vergonzosos acontecimientos que parecieran suceder con toda legalidad pues ya nadie se sorprende, parece ser más cuestión de tiempo que de problemática social, como si ser víctima de algo así estuviera avalado por la constitución y ni cómo hacerle, te rindes ante esa idea de que en nuestra país es una posibilidad y, a veces, más que posibilidad suena a una realidad con mayor aceptación que el derecho de expresión.

¿Qué está pasando, San Luis? Se suponía que ya habíamos progresado, por un tiempo dejamos atrás las noticias de narcos, balaceras, colgados en la glorieta Juárez y ahora, asaltaron acá, secuestraron a aquél, me rompieron el vidrio a mí.

8:40

  • Mejor pide un Uber, luego los taxis también son bien peligrosos. Bueno, aunque ya no se sabe, luego dicen que en los Ubers violan…

¿Contradecir esas vagas afirmaciones? ¿Cómo? La mitad de los noticieros parecieran estar haciéndole mala propaganda a Uber y se podría decir que la mitad de la población se ha encargado de difamar a los taxistas. Además, tomando en cuenta el hecho matutino no había argumentos suficientes para quitarle la preocupación a mi madre.

UberX porque en San Luis no hay opciones, es decir, no puedes elegir el tamaño del auto que quieres, la categoría o mucho menos programar tu viaje. AÚN no. Es importante destacar en mayúsculas esta palabra que es muy común en el léxico potosino. Aún no hay IHOP, aún no hay MixUp, aún no hay tanto tráfico, aún no hay contaminación, aún… ¿acaso en México todo es cuestión de tiempo?

  • Hubo Uber aventón en donde no te cobrábamos tarifa dinámica y estaba bien, yo les decía a todos mis clientes que lo aprovecharán pero ahora quién sabe cuándo vuelvan a ponerlo.
  • Ah, ya. No es que según yo UberX era para compartir Uber pero no, en San Luis es la única opción que te aparece.
  • Si, ahorita si pero nos avisan cuando van a meter actualizaciones y dicen que ya viene el Uber Black para que también pidan autos ejecutivos.
  • Mmm, qué bien. Me contaron que en Estados Unidos hay un Uber para la fiesta, que pides un chofer que llega en bici, maneja tu coche para llevarte a tu casa y de ahí se va en su bici.
  • Ja ja eso está padre, pues quién sabe aquí nada más hay el UberX.

Un conductor bastante amigable, un buen servicio, llegamos en 9 minutos a mi destino, me cobraron unos decentes $28 a través de la aplicación y le regalé al chofer 5 estrellas por el viaje. A diferencia de la última vez que viajé en taxi y tuve que esperar 20 minutos a que pasara por mí después de pedirlo, luego durante el recorrido mi conductor iba totalmente metido en su celular y solo a ratos levantaba la vista para manejar, lo que hizo que tardáramos más de 15 minutos en llegar, y lo peor es que su presencia descuidada me intimidaba de forma que no encontraba ni cómo pedirle que no usura el celular y que mejor se apurara. Por cierto, ese pésimo viaje en taxi me costó $50, $22 más que el mismo viaje hecho en Uber, no es publicidad ni crítica solo enlisto aquí los hechos.

9:03

La puerta de la oficina parece cerrada, me acerco y empujo, hoy estaba entrecerrada pero es muy probable que los próximos días tenga que comenzar a tocar el timbre pues normalmente se dejaba abierto todo el horario laboral por si alguien iba a hacer pagos o contratar algún servicio pero ahora “con la inseguridad” es mejor no arriesgarse y mientras no encierren a los delincuentes que andan merodeando por la oficina, abriendo carros ajenos y robando cosas, seremos nosotros los que tendremos que encerrarnos un rato.

Escucho la voz de Ale en el segundo piso, entro con calma, paso mi huella en el checador de entrada, pongo mi dedo índice derecho, una, dos veces, me rindo porque por alguna razón no lo lee y tecleo mi número para registrarme. Voy a la cocina y, como auténtica Godínez, meto los topers de comida que traigo al mini-refri que tenemos, tomo una taza para prepararme un café y estoy lista para comenzar la jornada. Subo las escaleras hasta mi asiento, el tercer escritorio al que  me mudo en la oficina, no estoy acostumbrada a quedarme en un mismo lugar, creo que después de mucho tiempo me he vuelto adicta a los cambios. Pero hay cosas que no cambian por más que me gustaría hacerlas diferente: saco el cargador de mi laptop, mouse inalámbrico, mouse-pad, cargador del celular, agenda, audífonos, una pluma, todavía siento que algo me falta. Mi disco duro. Busco mi disco duro, ese rectángulo negro aplanado con un pequeño cable USB, el disco duro con un millón de memoria que es el único que hace posible que ocupe mi laptop que ya agotó su memoria. No lo traigo. Con tanto relajo ni chequé que si lo trajera en la bolsa antes de salir de casa. Ay ¿y ahora qué? Ni modo: llamar Lucy.

  • Ma, se me olvidó mi disco duro ¿puedes checar si lo dejé en mi escritorio, por fa?
  • ¿En tu cuarto? ¿No te lo llevaste?

Ignoremos que a veces las personas hacemos preguntas muy obvias en tiempos de crisis “Perdí mi celular.” “¿Dónde lo dejaste?” Entendido, a todos nos pasa.

  • Pues creo que no, como ayer estaba haciendo tarea en la noche, a lo mejor lo deje ahí, no me acuerdo.
  • Deja checo.
  • Sí, gracias…
  • ….
  • No está ¿segura que no lo traes?
  • Si, acá ya busqué bien y no está, checa por mi tocador o en la mesa de abajo ¿no?
  • Ya lo ando buscando pero no se ve ¿no lo dejaste en otro lado?

Ssshit…

  • ¡Uy, sí! Ayer se lo presté a Ramón para que copiara unas fotos y ya no me lo regresó. Ffffu… deja le llamo, gracias. Te hablo al rato, disculpa.
  • Vale suerte, me avisas si lo tiene.
  • Sí, gracias, bye.

12:55

Los miércoles mi rutina Godínez se desarrolla en siete horas seguidas, siete horas alternando entre computadora y celular, Twitter y Facebook, Spotify e Instagram, Hootsuite y Snapchat, cocina y baño, Pinterest y Gmail, Excel y Word. Pero cabe mencionar que no es una rutina Godínez cualquiera, aunque sí hacemos lo que muchos Godínez desde pasar horas frente a una computadora hasta ir a la tiendita y preguntar si alguien quiere algo, en realidad somos, en su mayoría, un grupo de millennials con preocupaciones profesionales que combinamos con habilidad, entre que hacemos citas para cobrar, grabamos snaps, contestamos llamadas, mandamos notas de voz a los clientes y damos ideas para el próximo gran proyecto, también nos tomamos un break de vez en cuando para no dejar de lado nuestras adicciones: el cigarro, la comida o el chisme.

15:45

Finalmente, desconecto el cargador de mi laptop, guardo mi mouse, mouse-pad, cargador, cargador del celular, agenda, audífonos y por último mi laptop que ocupa el poco espacio que sobra en mi bolsa, entre el libro que siempre cargo, aunque el título varíe, y mi cartera que tiene más tickets de compras que dinero. Nota mental: Probablemente debería vaciarla ya, no quisiera dar una impresión equívoca y hacer creer que tengo más dinero que deudas. También guardo mi disco duro que no había olvidado sino que, por algún error narrativo, fue la primera cosa que desempaqué de mi bolsa por la mañana y después perdí de vista durante algunos minutos de pánico.

Bajo las escaleras, me dirijo a la cocina y, para cerrar con broche de oro mi rutina Godínez, caliento mi comida en el horno de microondas. Después bastan unos minutos para que mi amorosa madre me recoja del trabajo, claramente en un carro diferente al que dejaron sin ventana del copiloto por la mañana, pero qué suerte que hoy no es un miércoles cualquiera. Acho me espera 4:15 frente a la Casa de la Cultura, que algunos conocerán como Museo Francisco Cossío y que muchos otros no conocerán de ninguna de las dos formas, pero si no conoces a Acho probablemente no me conoces a mí, pues hace exactamente dos años que elegimos la misma carrera y desde entonces, no estoy segura si por elección o buena suerte, hemos estado juntas más de 8 horas al día, a veces más de 5 días a la semana.

Hoy es un día sanador. A pesar de todo lo que me ha pasado. El itinerario para las horas que restan del miércoles incluye un museo, una librería, una cafetería y un spa. Ah, pero también un choque y un desconocido.