Vivir al límite.

Son las 11:19 y tengo hasta las 12:00 para enviar un trabajo final pero aun tengo algo de tiempo para escribir este post así que voy a comenzar.

Este es mi tipo de situación ideal para “motivarme” a terminar un proyecto. ¿Está muy mal? ¿No es normal?

La adrenalina que sientes al estar escribiendo, leyendo o haciendo una tarea en los últimos minutos, sin saber con certeza si lograrás terminar a tiempo pero poniendo toda tu energía en dar ese “último estirón”, hacer tu mejor esfuerzo y entregarlo en punto, es INIGUALABLE.

Utilizo ese adjetivo deliberadamente porque no describe si es bueno o malo, simplemente es. No hay experiencia similar a sentir la presión de estar tan cerca del límite, tan cerca del éxito y sin haber hecho un gran esfuerzo. Probablemente lo podríamos comparar a estar a un paso de la meta cuando vas primero en la carrera mientras en tu mente piensas “¡wow, ni siquiera entrené para esto y lo estoy logrando, ya voy a terminar!” lo más mágico es el resultado…

A las 11:59 lo adjuntas, envías y ves el reloj cambiar a 12:00 mientras suspiras… logro desbloqueado. Lo lograste y esa presión que sufriste los últimos 20 minutos, valió la pena porque te hizo dar tu máximo para alcanzar esa meta.

Admiro a la gente que comienza sus deberes a tiempo. La admiro, de verdad, pero no la entiendo. Lo he intentado, enserio, lo he intentado más de una vez. Me encargan una tarea, llego a casa, enciendo la computadora, lista para trabajar y con mucho tiempo libre para hacerlo… Tiempo libre… Honestamente, no pasa muy seguido que tengamos tiempo libre, o al menos en mi mente así lo creo, tener tiempo libre es un regalo del cielo que sería muy mal aprovechado en hacer algo que no nos hace intensamente felices (aunque sea momentáneamente) entonces llega la distracción, veré esto, escucharé aquello, mejor leeré algo más, una película no estaría mal… y muy pronto todo está perdido. Pero al final del día no me arrepiento, me siento bien por haber “vivido en el ahora” y haber disfrutado. “Ya habrá tiempo de sobra para hacer las tareas después” pienso entonces. Aunque en realidad nunca lo hay. Comúnmente solo me queda el “tiempo justo” para hacer lo que debería (está claro que para mí es debatible si es un deber) lo que podría haber hecho antes.

Esto es vivir al límite en mi mundo (sí, en mi nivel badass-nerd) no estoy escalando montañas ni saltando de La Quebrada, simplemente estoy haciendo mis tareas justo antes de entregarlas y terminando proyectos justo en el tiempo límite pero sigo creyendo que todos necesitamos de esta -estúpida- adrenalina que sin importar de donde venga nos proporciona el sentimiento sin-sentido de que nuestra vida no es una estricta rutina, de que no todo está destinado sino que podemos hacer cambios “bruscos” al último minuto y sobrevivir a eso. Es arriesgarte, es apostar por ti mismo, que eres mejor (o quizá peor) de lo que piensan y que, sin duda, puedes vencer cualquier límite.

En lo personal, no me queda duda de que todos, en menor o mayor medida, todos estamos haciendo algo que nos hace sentir como si viviéramos al límite y aunque muchas veces ese “algo” es por demás estúpido, nadie nos quita la inigualable satisfacción de haber tenido una experiencia inesperadamente buena a partir de algo probablemente malo.

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