Cruzando el río

Dicen que la dificultad de mudarte es que no sabes si te están extrañando o te están olvidando…

El miedo a la soledad podría parecer irracional, sin embargo, en realidad tiene fundamento y es que al llegar a un lugar nuevo en donde no conoces a nadie, es palpable el sentimiento de ser un extraño, un invasor y un auténtico desconocido para todos ahí.

Muy pronto te das cuenta que hay grupos conformados no solo con chistes locales que no entiendes sino con historia, con recuerdos que no compartes y momentos que no presenciaste. Y estando entre desconocidos que se conocen entre sí, te queda más claro que nunca que (aún) no perteneces ahí.

También estás muy consciente de que la vida en casa continua, la historia sigue corriendo, tus amigos están riéndose de cosas que no comprenderás cuando vuelvas, tus hermanos están creando memorias juntos que no compartirás cuando los veas de nuevo y tu familia tendrá recuerdos que serán ajenos a ti la próxima vez que abras el álbum familiar.

El miedo es el único que te acompaña mientras te das cuenta que estás en medio de dos lugares a los que no perteneces pues de uno te fuiste y al otro acabas de llegar. Conoces a gente que aún no te acepta por completo pero no puedes juzgarlos porque sabes que las relaciones se basan en confianza y crear un lazo así requiere tiempo.

Además tú tampoco los aceptas por completo aún, pues extrañas a tu “grupito” y las cosas que los hacían únicos. No obstante, necesitas aceptar a estos nuevos amigos, necesitas contar con alguien para “contarle a alguien” pues a veces parece que a la gente que dejaste atrás ya no le interesa lo que tengas que decir porque estás muy lejos o si se interesa no lo entiende en verdad porque no lo están viviendo y tampoco puedes culparlos pues es obvio que su vida sigue avanzando y llenándose de cosas propias que contar a alguien que se pueda relacionar.

Mientras estás lejos de casa tienes miedo de que tus amigos te olviden, te dejen de hablar o dejen de preocuparse por ti. Obviamente no quieres perder las relaciones que construiste previamente pero tampoco es sencillo conservarlas sabiendo que una relación se nutre día a día y se basa en los pequeños momentos juntos, a veces los segundos más irrelevantes son los que más impactan pero ya no estás ahí para crear, para vivir y para compartir esos momentos. Ahora solo puedes compartir palabras, algunas fotos y quizás una llamada pero no hay más para asegurar su amistad. ¿Con eso bastará?

El miedo a la soledad sigue ahí. Es como estar de pie en medio de un río tratando de estirar tus brazos hacia ambas orillas, sin querer alejarte demasiado del lado que acabas de dejar atrás pero al mismo tiempo con ganas de alcanzar el nuevo lado al que estás por cruzar. Ojalá tus brazos pudiesen ser más largos y tocar ambas orillas para sentirte seguro en medio de la corriente pero sabes que eventualmente tendrás que avanzar. Puedes retroceder o seguir adelante. Ninguna es una mala opción, ambas te llevarán a tierra firme. Quizá sea más fácil retroceder, regresar al lugar de donde viniste y que sabes que es seguro; o podrías seguir adelante, arriesgarte a descubrir un paraíso terrenal o a decepcionarte por no encontrarlo enseguida.

Tu salvación es cuando encuentras un puente. Ese puente pueden ser personas o pasiones, lugares o experiencias, ese puente incluso se puede construir si tan solo te das el tiempo necesario. Aunque normalmente tendrás que meterte a nadar primero, seguramente muy pronto verás un puente a lo lejos; una nueva persona que te acogerá como si te conociera de siempre; un viejo amigo que seguirá interesado en hablar contigo, en saber cómo estás y darte ánimos para continuar; una actividad que te llenará de energía y te motivará a mantenerte firme; un lugar que te hará sentir diferente, extraño pero feliz.

Y de pronto el miedo a la soledad se te olvidará. Te darás cuenta que estuvo ahí y que en su momento tuvo razón de estar. Que quizá algunos te dejaron de hablar, tal vez no te olvidaron y su amistad no terminó pero sin duda su relación cambió, habrá algunos desconocidos que se vuelvan conocidos aunque no sean tan cercanos pero no importará pues al menos solo nunca estarás.

El miedo se desvanecerá cuando dejes de sentirte invasor y te comportes como invitado, cuando te des cuenta que todos somos desconocidos al inicio, que una amistad no es un chiste local o una fiesta juntos sino apoyo mutuo aun sin palabras o llamadas constantes, que la familia siempre será la raíz que te dio las bases y el tronco que te da la fuerza, que ninguna persona debe pertenecer a un lugar sino a un ideal y sobre todo cuando entiendas que vivir solo no es vivir en soledad.

104 * Lights Down Low

The subtle surprise you get when you find an old acquaintance and realize how much he/she has changed, makes you think about the time gone and wonder if you’ve had changed as much…

I met MAX way before he no more needed a last-name to be known. Max Schneider, a Nickelodeon kid doing Youtube music covers with Kurt Hugo Schneider; my favorite cover of his was CRUISE by Florida Georgia Line and his medleys with Victoria Justice of Maroon V and Bruno Mars. Today I came across this song randomly, loved it and felt odd when I realized that I had once known the singer.

“Fuck that”. Next song I heard from him is Basement Party and automatically feel like I was officially invited into his new life-stage, I’m still kinda nostalgic while listening to his musical evolution but there’s no place for feeling blue after listening to Gibberish ft. Hoodie Allen and watching its interesting -reverse and forward- music video.

This kid is definitely talented, he sings and dances like a pro, so while most of his music isn’t far from the modern electro-pop trend at least his moves spice up his musical proposal. Still my chosen song from him is “Lights Down Low” which it’s a bit different from his other songs and I’d say its various videos are worth watching.

We’re just reckless kids
trying to find an island in the flood

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La censura no es sensual

Que no se pierda la bonita tradición de (intentar) escribir y vivir sin censura.

En los últimos días mi cabeza ha estado nublada con emociones y pensamientos difíciles de describir, cosas que no me permiten disfrutar del día al 100% y me mantienen en un estado de ansiedad sin fundamentos aparentes.

Un  amigo me recomendó que buscara algo que me relajara “quizá escribir te ayude” sugirió y le respondí que ya lo hacia pero que no me estaba causando gran desahogo, entonces recordó que en efecto conocía mi blog y cambió su sugerencia a “escribe sin sobre-analizar tanto”.

¡Ja-ja, pero sobre-analizar, overthinking, es lo que mejor hago!

Por alguna razón entre más haces algo, te vuelves más auto-crítico o más “perfeccionista” respecto a eso… Si antes escribía para desahogarme, ahora no estoy muy segura de para qué lo hago, si cada post lo pienso 20 veces antes de publicarlo y cada párrafo lo leo al menos 3 veces antes de ponerle un punto final. Tan pendiente de que el sarcasmo en mis palabras se entienda con facilidad o que mis argumentos sean lo suficientemente convincentes.

Bullshit.-

Regresando a donde inició todo, ahora escribo este post sin re-leer lo que voy soltando en el teclado. Tan solo dejando fluir mis pensamientos a través de mis dedos y dejando aquí un poco de la frustración de no saber dónde dejé mi motivación existencial (por ahora).

Pareciera que la censura es “cosa del pasado”, sin embargo ¿qué tanto hemos evolucionado? Dejemos de lado las religiones que aún dictan tradiciones que limitan la expresión personal, las escuelas que dan una educación parcial a los niños o las instituciones que castigan a quien vaya en contra de lo establecido, pues no es una persona, una entidad o un gobierno quien censura nuestras vidas en pleno siglo XXI, es nuestra sociedad, la tan modernista y liberada sociedad en la que vivimos que es taaan moderna que ni siquiera tienen que marcar leyes de censura tal cual pues la mayor parte de ellas ya las tenemos tatuadas en espíritu.

Recientemente veía American Beauty, un drama que refleja como ningún otro las mil y un frustraciones que puede vivir el ser humano. Todo el tiempo tratando de encajar en una sociedad que nos envuelve como una bolsa de plástico en la cara, la tenemos en frente, vemos todos sus defectos pero apreciamos su protección hasta que de pronto es demasiado y nos ahogamos en sus estúpidas pretensiones.

El filme termina con una muerte, un acto de amor (o lujuria) no consumado y la apreciación de lo bello que puede ser morir. Obviamente son casos extremos, o eso creo, pero me queda claro que todos juntos exponen una contradicción importante: vivimos con un miedo a ser ordinarios tan grande como nuestro miedo a ser diferentes.

No queremos ser uno más del montón pero tampoco queremos vivir fuera de ese montón, y esa lucha constante de mantenerte dentro del límite de lo “socialmente aceptable” no es rentable para todos.

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Y así vivimos, suprimiendo o modificando las partes de nuestra personalidad que no se ajustan a los planteamientos sociales que, por alguna desafortunada convención, determinan nuestra existencia…

Pero mejor hablemos de lo que es sensual:

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Todos esas sensaciones que a diario vivimos y a diario reprimimos. No sé si es la escuela, el trabajo, los días que se pasan tan rápido pero, por así decirlo, poco a poco vamos perdiendo de vista la sensualidad en nuestras vidas.

¿Qué te emociona? ¿Qué te causa placer? ¿Qué te apasiona?

Dejamos olvidadas muchas de nuestras pasiones personales para darle un lugar más grande a nuestras responsabilidades, a los pasos que nos llevarán a encajar en una sociedad que pareciera no cansarse de producir en masa y dejar de lado la individualidad, la sensibilidad de cada humano.

 

La verdad, escribí el título sin pensar mucho en la razón pero “La censura no es sensual” me pareció una buena tesis para empezar a divagar hoy pero finalmente, dejaré como moraleja de este post que confiar en los sentidos es la base de todo, darnos tiempo de ver, escuchar, oler, probar, tocar… lo más básico y en realidad lo más importante. No dejemos de sentir y de expresar lo que sentimos sin necesidad de acomodarlo en una bonita oración que sea “políticamente correcta”, por favor.

 

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Waiting for…

I’m not sure what am I still waiting for… for you to call? For you to say “hello” the next time we cross paths? A text? An inbox? A DM? am I still waiting for you?

Truth is I have tried to move on, not to think about you, not to try and work you into the conversation every time I’m having a coffee with my friends, not to remember what you told me when we first met while I’m trying to concentrate on a test, not to miss your kisses when I’m trying to sleep at night… But it’s too hard. Because pretending is hard. Lying is hard.

I miss you. I can get over you.

Not yet.

I often think that I should have tried harder, I should have been the one who called you, asked you out one more time, told you that I loved you before you said goodbye.

But the little logic that my brain still beholds, reminds me that you didn’t want me to try at all, you weren’t waiting for my call, you wouldn’t want to go out one more time because if you had wanted so you would have said “hi” that one time we saw each other at a bar. But you didn’t want to.

What am I still waiting for?

I guess you were the last one… I gotta find somebody new, someone different to wait on. Because, honestly, I don’t even know what am I still waiting for.

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Un homme à la hauteur | Cine francés

Inició el otoño y con él ¡el tour de cine francés!

Este año entre la interesante selección de películas francesas (tres comedias, tres dramas y una biográfica) elegí mi género favorito para iniciar con el pie derecho este tour… una comedia romántica titulada Un homme à la hauteur, dirigida por Laurent Tirard y estrenada a inicios del 2016.

Protagonizada por Virginie EfiraJean Dujardin esta película es una magnífica crítica social que entre risas demuestra al espectador lo irracional de muchas de sus acciones y pensamientos de la vida diaria. A diferencia de las “romcoms” de Hollywood, los franceses tienen maestría en el amor por lo cual saben manejar el drama que involucra sin exagerarlo y la comedia que utilizan en la película es el medio ideal para transmitir mensajes más complejos que “encontrar al verdadero amor”.

Por otro lado, desde los primeros minutos del filme, con tan solo un personaje en cuadro, te enganchan gracias a la presentación de un diálogo brillante que deja claro lo que puedes esperar del resto de la película: conversaciones inteligentes, divertidas y sin rodeos.

Además, de inmediato se disfruta de la fotografía que aunque es sencilla y casual transmite una energía fresca y acogedora gracias principalmente a la simetría en sus tomas y la notable paleta de colores combinando vestuario y escenografía en cada escena.

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Cabe reconocer que existe otro importante elemento dentro de la llamativa estética de la película y su nombre es César Domboy. Con 25 años de edad este actor francés de ojos azules, cabello rizado y rostro inocente aporta poco más que su belleza a la película, representando al hijo del protagonista y transmitiendo la ternura, el cariño y la admiración con la que un hijo ve a su padre.

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En primera instancia podríamos pensar que el tema principal de la película es la discapacidad, debido a que su protagonista es un hombre de 1.36 m que a pesar de ser objeto de discriminación y menosprecio actúa con dignidad tanto en su vida laboral como personal y lucha por mostrarse seguro de sí mismo en todo momento, sin embargo, después de los detalles y giros que da la historia es sencillo concluir que el tema más relevante en realidad es la incapacidad con la que viven la mayoría de los demás personajes.

Sabemos que una discapacidad puede ser física, sensorial, cognitiva o psiquiátrica, por otro lado la R.A.E. define la incapacidad como la “falta de entendimiento o inteligencia” y esto es lo que realmente se critica en Un homme à la hauteur.

La discriminación como el ejemplo más claro de incapacidad del ser humano, una incapacidad de superar los prejuicios que nos formamos, los estereotipos que nos impiden aceptar una realidad diferente a aquella que nos han pintado. También se critica la incapacidad de seguir adelante, superar el pasado, de cambiar… Afortunadamente todo esto se muestra en una comedia romántica en la cual, por supuesto, hay un final feliz y, como es de esperar, todo termina de la mejor manera.

Lo triste es que en la vida real el final feliz aún no llega y pareciera que seguimos en el clímax del conflicto pues la incapacidad de respetar las diferencias es un mal que por alguna razón se ha agravado en los últimos años, razón por la cual este filme llega en el momento indicado, quizá así en medio de chistes y personajes entrañables la gente identifique realmente cual es el mayor desafío que estamos enfrentando.

Por último, les dejo la cereza del pastel pues sin importar la profundidad del mensaje este sigue siendo un filme para relajarse un rato y que lo logra en gran parte gracias a su música… el soundtrack compuesto por Éric Neveux que pueden encontrar en iTunes para revivir la alegría que supone dejar entrar al amor en tu vida.

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