Arte y café

Si es cierto que siempre volvemos a los lugares donde amamos la vida, eso explicaría porque los personajes de FRIENDS siempre están en Central Perk, los de HIMYM en Maclaren’s o yo en Arts & Coffee Co.

Esta cafetería me regaló tiempo para concentrarme y ser productiva pero también espacio para ser creativa y estar tranquila. Su café y sus delicias de comida me dieron bastante alegría (sin contar las calorías).

Por estas razones, y otras tantas más subjetivas que no riman, le dedico este post a un lugar que no solo me enamoró con su comida, servicio y decoración, sino que su peculiar e indescriptible estilo me hizo amar la vida una cucharadita más.

Ubicado sobre Av. Renato Leduc al sur de la Ciudad de México, Arts & Coffee Co. es el lugar ideal para todo, ya sea que vayas a trabajar o a relajarte, a platicar o a apreciar su buen gusto musical, a escribir o a leer, a inspirarte o a dejarte llevar…

Hay lugares como este en donde el tiempo pasa más lento, más rico. Esos son los lugares que debemos buscar en nuestra vida. A veces los encontramos a lado de personas únicas o a veces son momentos, como cuando tomamos una larga ducha con agua caliente, o en la música, como con las canciones de Passenger que son perfectas para relajarse y descansar. De la misma forma, en ocasiones son lugares físicos como este los que hacen que el tiempo se detenga y la vida se disfrute más.

18254295_10212897685378114_1997884745_n.jpg 18302446_10212897686298137_737018956_n.jpg 18302279_10212897685978129_2044542547_n.jpg

A media luz, en la terraza, en un sillón o en una de sus mesas altas, en Arts & Coffe Co. no dejarás de sentirte como en casa (y lo dice alguien que ha estado lejos de su hogar varios meses). Esos lugares que te dan más de una opción para ser y estar, te hacen sentir libre, único y original aun entre cuatro paredes y rodeado de la misma gente.

Te invito a que hoy pienses en qué hace que tu mundo deje de girar aunque sea por unos segundos. Seguro alguna vez lo has sentido y si crees que no es así, presta más atención a la próxima pues es bueno tener presente qué lugar, persona o momento tiene tu ritmo ideal para esos ratos en los que necesitas un break o recargar energía.

 

Siempre hay forma de jugar con el tiempo, solo tienes que descubrir cómo, con quién o en dónde…  En mi opinión, no hay nada mejor que sentarse a escribir entre arte y café, así descubrí la magia de este lugar y así recomiendo que busques tu país de Nunca Jamás; solo tomándote tu tiempo para disfrutar.

14114611_10210349639078549_1209857842_o

La censura no es sensual

Que no se pierda la bonita tradición de (intentar) escribir y vivir sin censura.

En los últimos días mi cabeza ha estado nublada con emociones y pensamientos difíciles de describir, cosas que no me permiten disfrutar del día al 100% y me mantienen en un estado de ansiedad sin fundamentos aparentes.

Un  amigo me recomendó que buscara algo que me relajara “quizá escribir te ayude” sugirió y le respondí que ya lo hacia pero que no me estaba causando gran desahogo, entonces recordó que en efecto conocía mi blog y cambió su sugerencia a “escribe sin sobre-analizar tanto”.

¡Ja-ja, pero sobre-analizar, overthinking, es lo que mejor hago!

Por alguna razón entre más haces algo, te vuelves más auto-crítico o más “perfeccionista” respecto a eso… Si antes escribía para desahogarme, ahora no estoy muy segura de para qué lo hago, si cada post lo pienso 20 veces antes de publicarlo y cada párrafo lo leo al menos 3 veces antes de ponerle un punto final. Tan pendiente de que el sarcasmo en mis palabras se entienda con facilidad o que mis argumentos sean lo suficientemente convincentes.

Bullshit.-

Regresando a donde inició todo, ahora escribo este post sin re-leer lo que voy soltando en el teclado. Tan solo dejando fluir mis pensamientos a través de mis dedos y dejando aquí un poco de la frustración de no saber dónde dejé mi motivación existencial (por ahora).

Pareciera que la censura es “cosa del pasado”, sin embargo ¿qué tanto hemos evolucionado? Dejemos de lado las religiones que aún dictan tradiciones que limitan la expresión personal, las escuelas que dan una educación parcial a los niños o las instituciones que castigan a quien vaya en contra de lo establecido, pues no es una persona, una entidad o un gobierno quien censura nuestras vidas en pleno siglo XXI, es nuestra sociedad, la tan modernista y liberada sociedad en la que vivimos que es taaan moderna que ni siquiera tienen que marcar leyes de censura tal cual pues la mayor parte de ellas ya las tenemos tatuadas en espíritu.

Recientemente veía American Beauty, un drama que refleja como ningún otro las mil y un frustraciones que puede vivir el ser humano. Todo el tiempo tratando de encajar en una sociedad que nos envuelve como una bolsa de plástico en la cara, la tenemos en frente, vemos todos sus defectos pero apreciamos su protección hasta que de pronto es demasiado y nos ahogamos en sus estúpidas pretensiones.

El filme termina con una muerte, un acto de amor (o lujuria) no consumado y la apreciación de lo bello que puede ser morir. Obviamente son casos extremos, o eso creo, pero me queda claro que todos juntos exponen una contradicción importante: vivimos con un miedo a ser ordinarios tan grande como nuestro miedo a ser diferentes.

No queremos ser uno más del montón pero tampoco queremos vivir fuera de ese montón, y esa lucha constante de mantenerte dentro del límite de lo “socialmente aceptable” no es rentable para todos.

captura-de-pantalla-2016-10-10-19-39-03

Y así vivimos, suprimiendo o modificando las partes de nuestra personalidad que no se ajustan a los planteamientos sociales que, por alguna desafortunada convención, determinan nuestra existencia…

Pero mejor hablemos de lo que es sensual:

Captura de pantalla 2016-10-10 19.51.19.png

Todos esas sensaciones que a diario vivimos y a diario reprimimos. No sé si es la escuela, el trabajo, los días que se pasan tan rápido pero, por así decirlo, poco a poco vamos perdiendo de vista la sensualidad en nuestras vidas.

¿Qué te emociona? ¿Qué te causa placer? ¿Qué te apasiona?

Dejamos olvidadas muchas de nuestras pasiones personales para darle un lugar más grande a nuestras responsabilidades, a los pasos que nos llevarán a encajar en una sociedad que pareciera no cansarse de producir en masa y dejar de lado la individualidad, la sensibilidad de cada humano.

 

La verdad, escribí el título sin pensar mucho en la razón pero “La censura no es sensual” me pareció una buena tesis para empezar a divagar hoy pero finalmente, dejaré como moraleja de este post que confiar en los sentidos es la base de todo, darnos tiempo de ver, escuchar, oler, probar, tocar… lo más básico y en realidad lo más importante. No dejemos de sentir y de expresar lo que sentimos sin necesidad de acomodarlo en una bonita oración que sea “políticamente correcta”, por favor.

 

14114611_10210349639078549_1209857842_o

 

Ya me urgía escribir.

¿Será que todos confundimos la urgencia y la necesidad con impaciencia y capricho? ¿Por qué cuando hay tiempo no ´tenemos´tiempo pero cuando ya no ´hay´ tiempo de pronto tenemos todo el tiempo?

Sé que es confuso y lo trataré de explicar hasta donde mi confusa mente me permita explicármelo a mi misma… Sucede que, a veces, nos ´urge´ hacer algo, tanta es la urgencia por cumplir con un objetivo o realizar una determinada acción “antes de que sea demasiado tarde” que actuamos sin pensar. Mejor dicho, no nos ´tomamos´el tiempo necesario para razonar, aunque en realidad haya tiempo es más nuestra urgencia por cumplir que por pensar o analizar. Y después cuando ya no hay tiempo para dar marcha atrás, cuando las acciones o palabras han llegado demasiado lejos para detenerlas o recuperarlas, sí, cuando de pronto se nos acabó el tiempo que había para razonar… es ahí cuando comenzamos a ´tener´tiempo y cuestionarnos las mil y un cosas que no nos cuestionamos antes. Entre ellas aquél inevitable: ¿será ya muy tarde?

Tal vez es por esta confusión entre urgencia e impaciencia que el ser vivo más inteligente sobre la tierra sea el que realiza las acciones más estúpidas… Porque siempre´nos urge´actuar. O analizándolo mejor, no tenemos la paciencia para actuar razonablemente. Es esta impaciencia por hacer algo la que nos lleva  a hacer lo que sea.  En mi caso, escribir. Siento la urgencia correr por mis dedos y ni siquiera doy tiempo a que mis ideas aterricen por completo, prefiero ir entendiéndome sobre la marcha de mis huellas en el teclado ¿lo ven? ¿siente mi impaciencia? o quizá en estos casos si es genuina urgencia…

¿Y CÓMO SABER CUANDO ´HAY´ TIEMPO?

Vivimos tan deprisa, con una mira a veces tan lejana que nos transporta a un tiempo paralelo en el cual nuestras ideas se analizan por horas que equivalen segundos en el tiempo real. Nunca es claro cuando ´hay´tiempo pero tal vez si es claro cuando lo necesitamos. No, en realidad eso tampoco es claro en el momento…

Es en medio de la –urgencia- cuando creemos –necesitar- actuar, ahí es cuando ´hay´tiempo, pero la –impaciencia- por cumplir el –capricho- nos hace creer que no ´tenemos´tiempo que perder…

 

Fer I.